Lugar: LA CITI RECOLETA
Dirección: 25 de Mayo y Santiago del Estero
Mayo 2011

Hacía algún tiempo que no visitaba este lugar y que teníamos agendado hace rato. Así que esa noche nos terminamos juntado con los críticos habituales y un par de nuevos amigos. En mi caso tenía ganas de comer pizza agridulce así que eso pedí, acompañado por el barón que seleccionó una de anchoas, un clásico. Como es mi costumbre la acompañé con liso y no salí defraudado. La pedimos a la piedra y me gusto mucho, a punto diría. En cuanto a la atención me pareció muy, pero muy buena. El lugar muy cómodo, era día de semana así estaba medianamente ocupado. En cuanto a lo que pidieron mis amigos me gustó mucho la presentación de los sándwich mixtos, simple pero efectiva en lo visual. Hasta ahí un buen lugar para visitar y recomendar. Pero hubo un plus que me sorprendió, y la verdad que lo mío es lo salado (no soy afecto a los dulces). Para eso en el plantel hay un verdadero experto en el tema, y es que cuando llegó el turno del postre fue uno de los pocos que no lo pedí y me arrepentí!! Sí me gustó mucho la presentación del plato y lo generoso de las porciones de tortas. Sin duda alguna el postre en este caso fue un extra que no esperaba. En síntesis "La City" de Santiago es un lugar, clásico y más que recomendable para compartir con amigos o familia. Buena atención y buena comida ¿qué mas podemos pedir?

Si bien es un ítem que se menciona casi a medias, como "pidiendo permiso", ciertamente no es un ítem menor el de la comodidad, no Señor. Y es algo a lo que me referiré con más énfasis en el futuro. El Sr. Armando Barreda lo expresó muy bien y en la memoria quedó registrado la confortabilidad del lugar en cuestión. Es importante en todo local que las luces estén en un grado que no te deje los ojos como una perdiz ni que tengas que tantear el plato para que por tactibilidad deduzcas si es un sanguche o una porción de Muzza (con los riesgos que implica tantear en la obscuridad, no?).
La City cumple ampliamente con éste ítem teniendo un local espacioso, confortable y con la ilumiación justa, colores cálidos, agradables y una pantalla gigante como para ver tranqui un clásico de barrio. Intuyo que las tardes deben transcurrir placenteramente con una taza de café y una porción de esas tortas que esperaban en la vitrina de la pastelería, pero eso lo dejaremos para otra reseña. La comida correcta, tanto la mía como la de mis compañeros y también un punto en la atención, digamos estuvo cuándo tenía que estar, trajo las cosas a tiempo y no revoloteaba cada 10' para quitarnos los platos y dejar la mesa libre. Creo que son éstos los ítems que uno se da cuénta que funcionan cúando la velada transcurre entre charla y charla y no se presta atención a lo demás hasta que aparece (la comida). Piénsenlo bien, si sienten esto en cualquier reunión de "salida afuera" es porque son justamente éstos tópicos los que funcionan. En La City sucede así.

Era un sitio del que tenía cierto prejuicio, tonto e injustificado. Tal vez la zona, el nombre, quien sabe. Pero realmente la pasé bien. Y a pesar de que la velada correspondía a una “cena”, todo quedó opacado por el ítem “cafeteril”. No correspondía, pero pedí un café con una porción de Mouse de chocolate sin esperar nada fuera de lo común. Pero la porción de torta que llegó a la mesa (tanto en mi caso como en el de los otros comensales) aún ilumina mis pupilas. Enorme es la palabra, a pesar de que mi porción era la más pequeña de todas. Tres veces más abundante que en el lugar más generoso que recuerde. Creo que pedí como comida principal ravioles con manteca (muy apetecibles por cierto), pero el apartado dulce opacó absolutamente todo. La Citi (así, con i latina) calificó como un buen lugar para comer bien, y degustar el mejor postre de Santa Fe hasta la fecha.


Hacía mucho tiempo que teníamos pendiente una visita a esta esquina tradicional de la Recoleta y finalmente se concretó algunos jueves atrás. Pero no fue esa la única concreción de la noche, ya que el peñista Armando Barreda pudo por fin dar cuenta de una pizza de ananá que le fuera esquiva en la fatídica -para él al menos- "noche de Molino XXIII". ¡Aplausos! ¡Los finales felices sí existen señoras y señores! La otra mitad de esa pizza que tan contento puso a mi compañero era la antítesis del agridulce: Anchoas, y la devoré sin pudores acompañándola con unos excelentes lisos bien fríos. La cantidad, a fuerza de ser sinceros, es la correcta, sin excesos. Podría haber comido una porción más, pero eso puede ser porque mi estómago ciertas noches no entiende razones y clama por los excesos como si me hablara un diablito al oído, solamente que en lugar del oído habla desde la "zapán". Que no se entienda mal, no es que la pizza sea escasa, pero tampoco es comparable a la de otros lugares que hemos visitado. De cualquier manera, esto que pudo haber sido un punto en contra, terminó jugándome a favor, porque el no haberme llenado me posibilitó disfrutar de los postres. La atención me dejó muy conforme también, el lugar muy cómodo, amplio, con wi-fi, varias pantallas para ver algún partido, bien calefaccionado -bueno, a lo mejor demasiado calefaccionado-, muy buena vista de 25 de Mayo a través de las vidrieras... pero nada que no hayamos disfrutado ya, y la calificación, al menos en mi caso iba a ser promedio... pero llegó la hora de los postres y acá es donde La City mostró credenciales: la pastelería es de lo mejor que hemos encontrado amigos peñistas. Mi porción de Selva Negra era prácticamente el Amazonas hecho postre, y los pedidos de mis compañeros tampoco se quedaron atrás. Acá sí que hubo excesos y con ganas. Poco más que agregar, salvo que pronto volveremos. La City Recoleta termina siendo un lugar muy bueno para pizzas o minutas en la noche, mientras miramos algún partido, pero donde de verdad se convierte en un lugar obligado es a la tarde, preferentemente uno de esos días donde la temperatura no pasa del dígito y se puede ver la llovizna a través de la vidriera mientras uno se toma un cafecito humeante acompañado de alguna porción de torta.
Calificación General
3.73